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    Identidad Digital - 28/12/2021

    Balances y experiencias en tiempos de incertidumbre (y pantallas)

    3 min Tiempo de lectura

    El fin de año trae, inexorablemente, balances y diagnósticos, tanto personales como colectivos. 2021 quedará en la historia como el segundo año de una pandemia global que trastocó nuestras experiencias y percepciones de manera radical.

    Pese a que llegaron las vacunas, volvieron algunos encuentros presenciales, niños y niñas retornaron a las escuelas, jóvenes a las universidades y una parte del mundo adulto a sus lugares de trabajo, nadie puede sentir que la actualidad es un escenario deseado. La emergencia sanitaria continúa, el desempleo y la pobreza se acrecientan… y aún nos acomodamos como podemos a nuevos usos y relaciones con lo digital.

    Cuesta adaptarse a convivir con la incertidumbre. Hagamos lo que hagamos, estemos con quien estemos, siempre nos acompaña una sensación de incertidumbre que nos condiciona y que determina nuestro estado de ánimo.

    Nuestros usos y vínculos con las tecnologías digitales no quedan exentos de esta ecuación. Llevamos un tiempo largo conviviendo con un mundo cada vez más mediado por las pantallas. Esto tiene implicaciones a nivel personal, colectivo, vincular, sistémicas y pesan bastante respecto de cómo nos relacionamos con el mundo. Y es que en esta etapa hemos convivido y naturalizado una creciente utilización de los dispositivos digitales. Es por ello que toca revisar y analizar esta situación, para poder construir relaciones conscientes y reflexivas de nuestros usos digitales: tomar el control sobre el uso que les damos a estos medios, para poder decidir conscientemente de qué maneras los utilizamos.

    Después de una etapa de confinamiento ciudadano, entramos en un modelo híbrido de ser y estar en el mundo. Recuperamos algunas cuestiones, pero otras han quedado relegadas a lo virtual. ¿Cómo nos llevamos con la tecnología?, ¿hacemos un análisis a conciencia de nuestra relación con las máquinas?, ¿estamos contentos y contentas con la manera de utilizar las redes, apps, videojuegos o plataformas de streaming?

    Consideramos que estas preguntas autoevaluativas son fundamentales para desarrollar un espíritu consciente y reflexivo sobre nuestra relación con lo digital. Podríamos sumar otras, muchas más, sin dudas, para profundizar en nuestros análisis. Pero son un comienzo. Desde Faro Digital consideramos imprescindible que como personas históricas que viven en los inicios del siglo XXI (nos) pensemos y repensemos nuestros usos, prácticas y costumbres vinculadas con lo digital.

    Esta revolución de la técnica humana que nos venía acompañando antes de la pandemia, entró en una fase vertiginosa, quedando pocos reductos humanos en donde no esté presente. ¿Cómo queremos vivir nuestra vida en este contexto? Esta nueva pregunta es crucial respecto a dos dimensiones que consideramos convenientes de analizar: la toma de decisiones y la jerarquización de la información.

    El ecosistema de las plataformas digitales se encuentra en una fase donde lo predominante es explotar al máximo nuestra atención. La batalla entre plataformas reside justamente allí: en presentar un producto, servicio o contenido que sea lo suficientemente atractivo para que las y los usuarios no nos movamos de ahí. A raíz de esto, y de las huellas digitales que vamos generando a partir de nuestro tránsito en Internet, los sistemas algorítmicos dan sentido a una inconmensurable cantidad de datos personales, personalizando las recomendaciones para cada uno de nosotros. Como consecuencia de esto, recibimos información segmentada e hiperpersonalizada que se ajusta a nuestros gustos, preferencias y visión del mundo. Esta acción, vista a gran escala, limita y condiciona la posibilidad de elegir y tomar decisiones. Ya no vamos a buscar la información, ella nos encuentra a nosotros y nosotras, cómodos, en nuestros propios dispositivos. ¿Acaso no existen otras opciones para conocer y ampliar nuestra percepción de las distintas realidades?, ¿queremos vivir en un mundo que refleje solamente nuestras propias opiniones?, ¿cómo puede afectar esto a la convivencia ciudadana en un sistema democrático?

    A su vez, existe la problemática de la horizontalidad de la información. Estamos saturados y bombardeados de información. Cada vez más y con mayor velocidad. Ya casi ni leemos o investigamos en profundidad. Nos cuesta. Esto excede un balance individual, podríamos considerarlo un síntoma de la época. En ese sentido, se pierde la jerarquía informacional: vale lo mismo un tweet de una cuenta anónima que una investigación científica; la noticia falsa de una agencia dedicada a la diseminación de la desinformación, que el trabajo riguroso de un/una periodista especializada. Así podríamos extrapolar este fenómeno a diversos ámbitos de la vida cotidiana. Emerge entonces la educación como un espacio fundamental para poder hacer contrapeso a esta problemática contemporánea. Hablamos de educación en términos amplios: dentro de la escuela, pero también fuera de la misma, en los hogares, en reuniones de amigos/as, en clubes, en asociaciones, o en donde haya encuentro y diálogo entre personas. Y entendemos como esencia del acto educativo la escucha, el diálogo, el debate entre ideas contrapuestas, la búsqueda de fuentes, la convivencia con otros/as y la construcción de sentido junto con esos otros/otras.

    Para finalizar, consideramos fundamental recuperar algunas cuestiones básicas que en estos tiempos nos han sido esquivas, recuperar la experiencia. Vivir los acontecimientos como únicos, habitarlos, disfrutarlos, sin estar pendientes de lo que está pasando fuera de ellos. En fin, ponderar la idea de vivir y disfrutar del momento presente, que es acaso la única cuestión que podemos controlar, en la sociedad de la incertidumbre.

     

    Autor: Faro Digital.

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